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Norte de Chile: San Pedro de Atacama

Ana Bravo Coderque

Recuerdo con especial cariño una escapada al norte de Chile, concretamente a San Pedro de Atacama, un pueblecito con un encanto singular.  Sus casas son de adobe, rollo hippie, y es el punto de partida para descubrir el desierto más árido de la tierra.  También uno puede deleitarse con las impresionantes formaciones geológicas de la Cordillera de la Sal, explorar el Valle de Marte o disfrutar de las fabulosas puestas de sol en el Valle de la Luna.  Pero sin duda, lo que más llamó nuestra atención fueron los géiseres del Tatio, a 95 km de San Pedro de Atacama y a 4200 metros de altura.  Y es que son muy pocos sitios en el planeta, donde la energía geotermal es visible a los hombres.

San Pedro de Atacama

Las condiciones geológicas de la serranía de Tujle, sumado a la actividad volcánica de la zona, nos ofrecen todo un espectáculo a primeras horas de la mañana.  Imponentes fumarolas, de unos 10 metros de altura, emergen a través de las fisuras en la corteza terrestre originadas por las altas temperaturas de sus acuosos cráteres. Y dicha  visión, en la claridad azul del altiplano, supone un recuerdo imborrable.

Para los más valientes, se les ofrece la opción de darse un bañín en una de las muchas aguas termales a 40ºC, eso sí, aunque uno esté bien a gustito ahí dentro, afuera la temperatura es de -10ºC.

Desierto de Atacama

Al sur de San Pedro, se llega al impresionante Salar de Atacama.  El camino permite apreciar los volcanes Lincancabur y Lascar entre otros pero es la Laguna de Chaxa, la que de verdad hipnotiza.  Allí habitan tres de las cinco especies de flamencos que existen en el mundo.  Un lugar donde el tiempo parece detenerse y la contemplación de esas aves es un regalo de Dios.

Y si lo que se desea es algo más de actividad, uno siempre puede alquilar una bici y recorrer el Cañón la Quebrada del Diablo, practicar el sandboard en el Valle de Marte o tomarse un pisco sour al lado de una hoguera bajo un manto de estrellas mientras se escucha música en vivo.

Naturaleza y fiesta, una mezcla curiosa que incita a hacer las maletas y desplazarse al desierto más árido del mundo.

San Pedro de Atacama