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MARRAKECH UNA CIUDAD QUE TE ENGANCHA

Marta Perales

Desde bien pequeña, mi padre nos ha trasladado a mis hermanas y a mi su pasión por viajar, dándonos la oportunidad de conocer diferentes ciudades y rincones por toda España, además de muchos lugares al rededor del mundo.

Es por ello que siempre que puedo intento conocer algún destino nuevo, pero pocas veces me ha pasado querer repetir un destino en concreto, como es el caso de Marrakech.

Hace ya unos años que visité por primera vez este destino, fue completamente circunstancial ya que buscábamos un destino barato y es por eso que acabamos en Marruecos, comenzamos nuestro viaje en Agadir una pequeña cuidad en la costa marroquí, para acabar nuestro periplo en Marrakech. Era Agosto y el calor que hacía, menos de lo que esperaba, no influyó para que desde el primer momento, me fascinase y me cautivase. Desde el momento que salimos del aeropuerto, ya me dio la sensación de haberme trasladado a otro siglo, la gente, el caos del tráfico, esos taxis destartalados, remolques tirados por borriquitos, el barullo de la gente, fue en ese preciso momento, y todavía no se porque, pero Marrakech me enganchó.

Después de esta primera toma de contacto con la cuidad, la llegada al hotel fue un contraste que no esperaba, un maravilloso hotel dentro de la medina que parecía que te ibas a encontrar a Ágatha Christie escribiendo en una esquina del jardín. Este maravilloso lugar es Le Jardín de la Koutoubia, jamás me podía imaginar encontrar un lugar así tras la puerta que dejaba atrás todo lo anterior descrito. Y eso que llegaba un poco enfadada porque nuestras maletas se habían quedado en el aeropuerto de Casablanca.

Una vez resuelto el pequeño incidente de las maletas, nos “lanzamos a las calles” empezaba a anochecer, y como no, nuestro primer destino la Plaza de Jamaa el Fna, no tengo palabras para describir lo que allí nos encontramos, colores, olores, gente por todos lados, el que no te ofrece unas babuchas, se te acerca con un mono, por no decir los que están con las serpientes, pero esto no os lo puedo contar con más detalle porque no quise ni acercarme.

Los días que pasamos, no hubo ni uno en el que no viera nada que me maravillara. Ciudad de contraste, desde la medina con la ciudad nueva. Un lugar donde se mantienen los oficios de toda la vida, las increíbles calles laberínticas de dentro de la media, los maravillosos puestos de dentro del zoco, que venden desde dátiles a preciosas lámparas.

En contraste con todo esto, encuentras impresionantes restaurantes en lugares que no te puedes imaginar, que no desmerecen para nada a los mejores restaurantes que puedes encontrar en Madrid, Paris o Londres.

A grandes rasgos esta fue mi primera toma de contacto con esta fantástica ciudad, pero me supo a poco y a principios de este año volví, y cual fue mi sorpresa que pensaba que no me podía volver a sorprender, encontré un Marrakech mas moderno, pero con la misma esencia que me enganchó años atrás, en esta ocasión conociendo un poco la ciudad nos lo tomamos con más calma y visité lugares que no fui en mi anterior visita, como la Medersa ben Youssef, el Palacio del Badi, las Tumbas Saadies, el Museo de Marrakech o los preciosísimos Jardines de la Majorelle. En esta ocasión nos alojamos en un diminuto Riad, dentro de la medina.

Este segundo viaje a Marrakech lo viví de distinta manera, sabiendo como movernos ya por la ciudad y por el laberíntico Zoco disfruté más si cabe, nos tomamos más tiempo para pasear por las calles, también hacía menos calor, sentarnos a comer un riquísimo Tajime en La Terraza de las Especias , tomar una copa de vino en el Café Arabe o ver la impresionante puesta de sol tomando un zumo de naranja desde la Terraza del Café de France.

Podría alargarme mucho más contando cosas sobre Marrakech, que como habréis podido comprobar me encanta, pero os invito a que seáis vosotros mismos los que lo visitéis y un enganche como a mi me ha enganchado.