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UN VIAJE DE FUERTES IMPRESIONES Y GRANDES SORPRESAS

Gonzalo Echarri y Rocio Becerril

Por diversas circunstancias he tenido la suerte de poder viajar y ver otras ciudades, gentes y paisajes. Desde cortas excursiones por las viejas pero siempre interesantes ciudades europeas hasta largas travesías para llegar a las rojas llanuras australianas.

En esta ocasión se presentaba la oportunidad de visitar la India. Mi padrino, destinado en Nueva Delhi por razones diplomáticas, nos había invitado a mi mujer, excelente compañera de viaje, y a mí a pasar unos días en su residencia. Decidimos que Delhi sería nuestro centro de operaciones y desde allí podríamos desplazarnos hasta ciudades con nombres tan exóticos e inspiradores como Agra o Jaipur.

Ante las impresionantes expectativas que el viaje iba despertando en los familiares más cercanos, mi hermana, una prima más joven y hasta mi madre, que habitualmente no suele apuntarse a aventuras de este tipo, decidieron acompañarnos.
 
Una vez elegidos los destinos, hoteles y medios de transporte pudimos dar por concluida una de las más ilusionantes fases del viaje que es la de los preparativos. Con todo dispuesto, vacunas incluidas, nos pusimos en marcha y como siempre que cogemos un taxi hacia barajas, con los nervios rotos por la tensión de volver a pasar por un aeropuerto (saldrá el avión?, lo hará en hora?, llegaremos a los transbordos?) por suerte en esta ocasión todo se desarrolló con normalidad y llegamos a nuestro destino en los plazos previstos.

Ya en la India podría continuar el relato enumerando cronológicamente diferentes episodios viajeros a modo de diario de ruta o, como aparece en el título de este relato, pasar directamente a describir las fuertes impresiones y las grandes sorpresas que tanto las gentes como los edificios o los paisajes producen en el viajero que visita tan magnífico país.

La primera impresión al llegar a la India es la de caos, desorden y desconcierto, sensaciones de las que no logras desprenderte hasta que deshaces la maleta tras el regreso a tu hogar madrileño. Delhi es una ciudad enorme, bastante sucia y muy desordenada. El tráfico es caótico y desplazarse de un sitio a otro en los pequeños y viejos rickshaw motorizados que pueblan la ciudad no es para nada una actividad relajante. Pero con todo, una cierta calma se apodera del viajero al visitar los enormes parques y magníficos edificios del centro de la ciudad.

Al abandonar la ciudad en una furgoneta, por supuesto conducida por un chófer local, el paisaje del campo circundante te traslada a sensaciones conocidas y experiencias ya vividas de relación con el entorno natural. Pero esta calma se ve bruscamente trastocada al adentrarse en ciudades por las que el vehículo difícilmente puede moverse debido a la aglomeración de gente que puebla las calles. La sensación de impotencia es enorme, no sabes dónde estás, no hablas el idioma y si a esa muchedumbre de recursos económicos extremadamente limitados les diera por apropiarse del botín con el que viaja un grupo de turistas occidentales, no tendrías la más mínima capacidad de maniobra. Pero la gente es pacífica  y como consecuencia de sus creencias religiosas asumen su condición y no luchan por cambiarla el traslado llega a término sin sobresaltos.

Una ciudad ejemplo de lo descrito anteriormente es Agra. La llegada fue impresionante, las calles estaban llenas de gente y la furgoneta no podía ni moverse. Y todo para qué, ¿para ver ese monumento tan cursi que se empeñó en construir el emperador musulmán Shah Jahan de la dinastía mogola en honor de su esposa favorita?

 TAJ MAHAL

TAJ MAHAL

La visita a este monumento fue una de las grandes sorpresas del viaje, el Taj Mahal resultó ser impresionante, sobrecogedor y de una enorme belleza. Una de sus perspectivas más bonitas es la que se consigue desde el mirador del Fuerte Rojo de Agra al amanecer. El Fuerte es el resultado de una magnífica sucesión de jardines y palacetes ocultos tras una altísima muralla de piedra roja.

 TAJ MAHAL DESDE EL FUERTE ROJO
TAJ MAHAL DESDE EL FUERTE ROJO

La subida en elefante al fuerte Amber en el entorno cercano de Jaipur es otra de las experiencias curiosas y divertidas del viaje. Tras esperar unos minutos y ver con curiosidad como otros turistas se suben al elefante de repente te ves subido a uno de esos inmensos animales que con ritmo bamboleante ascienden la colina hacia la magnífica arquitectura que espera en la cima. La entrada al patio del Fuerte a lomos del simpático paquidermo te transporta a tiempos de leyendas orientales.

En la ciudad de Jaipur pudimos ver el palacio de los vientos y negociar en una pequeña tienda de palacio la compra de algunas ropas locales.

Otra de las grandes sorpresas del viaje es la de Fatehpur Sikri, una magnífica ciudad que fue capital de imperio mogol durante 14 años del siglo XVI y que tuvo que ser abandonada en medio del desierto por falta de agua.

Ya desde Madrid habíamos decidido que Udaipur sería el lugar donde echar el resto en un gran hotel. En la ciudad de los lagos y los palacios el turista puede alojarse en magníficos hoteles al borde del lago pero me habían aconsejado el Hotel Devi Garh ubicado en una fortaleza a pocos quilómetros del centro. Después de un tiempo recorriendo en coche un espectacular paisaje montañoso las acompañantes más jóvenes empezaron a ponerse nerviosas, ¿cuándo llegamos?, ¿queda mucho?, ¿dónde está? Afortunadamente el hotel resultó ser magnífico y la revuelta no llegó a mayores. Ocupa un antiguo enclave fronterizo desde el que se dominan los campos circundantes. Los jardines con los que recibe al visitante están perfectamente trabajados pero lo que resulta verdaderamente sorprendente y especial es la cuidadísima obra de reestructuración realizada para convertirlo en hotel de lujo. Respeta la esencia más profunda del edificio, añadiendo sobre lo existente sólo lo estrictamente necesario para convertir la estancia en una experiencia memorable. Reforzada al enterarnos de que el hotel da empleo a gran número de los habitantes del pueblo que lo rodea y que ha supuesto la revitalización económica de la región.

HOTEL DEVI GARH (UDAIPUR)
HOTEL DEVI GARH (UDAIPUR)

CITY PALACE (UADIPUR)
CITY PALACE (UADIPUR)

La última sensación del viaje fue de intenso frío. La noche previa al viaje de vuelta dormimos en Delhi y la temperatura era muy baja. Las casas no tienen calefacción y tuvimos que forrarnos de mantas. Un buen entrenamiento para la vuelta al frío diciembre madrileño.